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Por Giorgio Bongiovanni-25 de julio del 2020

La bestia asesina de Brancaccio, Giuseppe Graviano, en un memorial de 54 páginas enviado al Tribunal Penal de Reggio Calabria, regresa para escupir veneno y enturbiar las aguas en la búsqueda de la verdad. Este es el último movimiento del jefe mafioso de Palermo, que desde su encierro bajo el régimen del 41 bis, manda mensajes al exterior.

Se despegó de las acusaciones hechas en su contra por los colaboradores de justicia, hasta se declaró inocente de todos los delitos de los que fue acusado, diciendo, de hecho, que quería la revisión de todos sus juicios.

Ya durante el proceso había expresado su nerviosismo con respecto a las preguntas del fiscal Giuseppe Lombardo hasta el punto de enfurecerse contra el abogado Antonio Ingroia. Y también cuando se le formularon preguntas sobre las masacres, los instigadores y las tratativas.

Tanto en el juicio como en el memorial, hemos asistido a la evolución del jefe mafioso que, audiencia tras audiencia, fue perdiendo su locuacidad hasta hundirse nuevamente en el silencio.

Quizás se deba al éxito de algunos mensajes enviados.

El sanguinario jefe, asesino de niños (basta recordar a Nadia y Caterina Nencioni, de nueve años y solo 50 días de vida que perdieron la vida en via dei Georgofili en mayo de 1993, o incluso el pequeño Giuseppe Di Matteo), responsable de las masacres del '92 y de las del Continente, y autor intelectual del asesinato del padre Pino Puglisi, no dice nada al respecto. Por el contrario, como buen jefe mafioso, elige manchar la verdad inventando historias, diciendo mentiras perversas y dialogando con ese "alguien" que nunca nombra.

Ataca a colaboradores de justicia como Totuccio Contorno, Gaetano Grado y Gaspare Spatuzza, enviando un mensaje claro para una rápida eliminación; salva piezas del aparato al profesar la inocencia de sujetos como Giovanni Aiello (también conocido como "Cara de Monstruo") ex policía acusado de ser un asesino al servicio de los clanes; salva a Marcello Dell'Utri declarando que nunca lo conoció e insertándolo, como lo hizo en las audiencias, en la lista de sujetos que fueron "traicionados" por Berlusconi.

Frente a la justicia, cada jefe que se respete sabe que debe mentir, incluso de la manera más desvergonzada. Y si realmente tiene que hablar, siempre es mejor generar confusión, enturbiar las aguas y usar lo "verdadero" y lo "falso" en una extraña alquimia que, en conjunto, comprometa a la verdad.

Las sentencias ya habían establecido las relaciones de Berlusconi con la mafia. Según la sentencia Dell'Utri, condenado definitivamente por concurso externo en asociación mafiosa, que le pagaba a la mafia. Los jueces de la Corte de Casación definen al ex senador como el garante "decisivo" del acuerdo entre Berlusconi y Cosa Nostra y afirman que "la metodología en el desembolso de las grandes sumas de dinero de Marcello Dell'Utri a Gaetano Cinà es indicativa de la firme determinación de Berlusconi para implementar el acuerdo más allá de los cambios en las estructuras superiores de la Cosa Nostra". Además, para la Suprema Corte, Dell’Utri garantizó "la continuidad de los pagos de Silvio Berlusconi a favor de los miembros de la asociación mafiosa, a cambio de la total protección de ésta al empresario".

Así que Graciano no dice nada nuevo cuando habla de las relaciones económicas entre el ex primer ministro y el príncipe de Villagrazia, Stefano Bontade. Y es probable que su familia también participara, en ese momento, en ciertos asuntos de los que hablaron los colaboradores de justicia. Pero miente cuando habla sobre la naturaleza de sus encuentros entre 1993 y 1994. Esos fueron los años de bombas y masacres. Y también fueron los años de la tratativa Estado-mafia. En Palermo, la Corte d'Assise del proceso de la tratativa Stato-mafia, dice en la sentencia que las relaciones entre el ex senador y el clan continuaron en los años siguientes, gracias al vínculo con el jefe mafioso de Brancaccio. Aunque sólo se trate de la primera instancia del juicio, hay elementos que prueban estos hechos. Y GaspareSpatuzza, considerado confiable por varios fiscales y tribunales, habló de la reunión con Graviano en la que el jefe de la mafia le dijo que "finalmente" se había llegado a un acuerdo, dándole el nombre de Berlusconi y añadiendo que en el medio también estaba el "coterráneo Dell'Utri"y que "gracias a ellos teníamos al país en las manos".

Luego están las intercepciones telefónicas en prisión, registradas entre 2016 y 2017 como parte de la investigación Estado-mafia, que son inequívocas. Porque es allí donde Graviano manifiesta toda su ira: "Sabes que ya son 24 años, mi familia está destruida... les dan dinero todos los meses. Te he esperado hasta ahora... y me estás haciendo morir en la cárcel sin que yo haya hecho nada". "Te traje bienestar -dice en uno de los arrebatos- hace 24 años me arrestan y tu comienzas a apuñalarme". "Al Señor Crasto (cornudo, ndr) le voy a dar una mala vejez", continuó Graviano. "Él sabe que yo no hablo –agregó- porque conoce mi carácter y conoce mi capacidad... pedazo de crasto, que no es otra cosa, vaya a saber cómo es que está en el gobierno, ha hecho cosas vergonzosas, injustas".

Precisamente la prisión es uno de los puntos que Giuseppe Graviano no puede aceptar, convencido de que el pacto, en su opinión, ha sido traicionado.

Pero la historia nos dice que los pactos de esa innoble y vergonzosa tratativa se han mantenido desde que Bernardo Provenzano pudo continuar evadido por otros diez años; que Cosa Nostra, la 'Ndrangheta y las otras mafias continúan proliferando; que Matteo Messina Denaro todavía sigue escondido; que las leyes sobre arrepentidos y cárcel dura han sido "vaciadas" de los principios por los cuales fueron creadas.

Graviano no acepta ser el cordero del sacrificio, pero al mismo tiempo intenta enviar un último mensaje al exterior. Y entre los destinatarios está también su alter-ego, Matteo Messina Denaro, quien como el jefe de Brancaccio es el depositario de secretos indecibles.

No olvidemos a un colaborador como Giovanni Brusca que, en el juicio contra Matteo Messina Denaro por las masacres del '92, dijo las palabras pronunciadas por Riina en diciembre de ese año, respecto a que si algo le sucedía "los ‘piciotti’ Matteo Messina Denaro y Giuseppe Graviano sabían todo".

Y en ese todo no podían estar sólo los planes para las masacres, sino también esa estrategia política de "gattopardismo" (como lo llamó el fiscal asistente Giuseppe Lombardo en su requisitoria del juicio 'Ndrangheta Stragista), para mantener el equilibrio del poder inalterado, por un lado y para encontrar nuevos referentes políticos, capaces de ofrecer nuevas garantías, por el otro.

Y es así, como dicen decenas y decenas de colaboradores de justicia, que los planes separatistas fueron gradualmente abandonados para adherir "decididamente" a Forza Italia.

Es un hecho conocido que Graviano fue arrestado el 27 de enero de 1994. Exactamente el día después de que Berlusconi oficializara su actuación política con Forza Italia. Gravianopodrá preguntarse por qué, pero si realmente quiere arreglar todo y abrazar a su familia como un "hombre libre" tiene una sola opción. Cortar el cordón umbilical con la mafia, hablar con los magistrados y colaborar realmente con la justicia, en lugar de escribir delirantes memoriales.

Ayer le fue impuesta la enésima sentencia de cadena perpetua, como autor intelectual de los ataques contra los carabineros, que tuvieron lugar entre el '93 y el '94 en Calabria. El Tribunal Penal de Reggio Calabria envió a la fiscalía las transcripciones de las actas de la audiencia en las que Graviano declaró, y también su memorial. Por lo tanto, es fácil pensar que volverá a ser interrogado en sede judicial.

Podría ser su última oportunidad para dar el salto, diciendo todo lo que sabe sobre las mentes perversas que gobiernan dentro y fuera de Cosa Nostra, dentro de ese sistema criminal integrado que condiciona a nuestra democracia.

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*Foto de Portada: AntimafiaDuemila

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