OUR VOICE

Por Malena Sánchez, de Our Voice Paraná – 18 de abril del 2020.

 

malena Hartas. Hartas de llorarlas. De llorar todos los días, el asesinato de una más de nosotras.

¿Cuántas más tienen que ser? ¿Cuándo va a ser considerado una emergencia? Porque es una emergencia. 97 femicidios, por lo menos, en lo que va del 2020. Y me tomo el atrevimiento de actualizar este dato a 98, ya que hoy apareció otro: el femicidio de Paola Pereyra, a quien su ex-esposo, Mario Ernesto González, visitó con la excusa de dar alimento a sus hijos, pero al salir ella a la entrada de su casa, discutieron unos minutos hasta que él sacó una escopeta y le disparó directo en el rostro. Creo que hasta en el 98 estoy atrasada, porque mientras escribo siguen apareciendo asesinatos de mujeres: se investiga el femicidio de María Solange Diniz Rabela, descuartizada e incinerada por el cacique Marcelo Nuñez en una aldea de Misiones.

Enfermos, cínicos, desquiciados, es lo que muchas personas deben pensar de estos hombres. Para nada. Vamos a hablar de ellos, de los varones violentos. ¿De dónde nacen? ¿Cómo se construye un varón violento? Los femicidios diarios nos demuestran que esto no se trata de casos aislados, de un par de "locos sueltos"; más bien, estos varones violentos son el producto final del perverso sistema que nos oprime y subordina a las mujeres: el sistema patriarcal.

A propósito de los ataques de Israel a Palestina, en plena crisis mundial sanitaria

malena Por Malena Sánchez, de Our Voice Paraná – 6 de abril del 2020

Ni en medio de una pandemia mundial cesa la violencia de Israel sobre Palestina. La ambición de poder puede llevar a límites inimaginables, quedó demostrado ya en las atrocidades cometidas por Israel para la ocupación y la violenta confiscación de tierras palestinas. O acaso no son límites inimaginables, más bien, yo diría que no existen. Que Israel esté promoviendo un desastre sanitario por el Coronavirus en un lugar como Gaza, donde el sistema de salud ya está destruido, es motivo de mi creencia respecto a los límites.

El 28 de marzo, las fuerzas de seguridad de Israel han demolido instalaciones y edificaciones sanitarias en la aldea palestina de Khirbet Ibziq. También se llevaron materiales destinados a construir clínicas para enfermos del COVID-19 y dejaron de suministrar a los presos palestinos 140 productos, entre ellos los básicos de limpieza, indispensables contra la expansión del virus. Hoy hay más de 7.000 palestinos retenidos en cárceles israelíes, de los cuales muchos son menores de edad, adultos mayores o enfermos.

El saludo del presidente mexicano a María Consuelo Lorea, madre del Chapo Guzmán

daiana carracedoPor Daiana Carracedo, de Our Voice Ushuaia – 6 de abril de 2020

El pasado domingo 29 de marzo el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador se acercó a un auto durante su visita a Sinaloa, México, donde se encontraba supervisando la construcción de una carretera. La región es la cuna de algunas de las organizaciones criminales mafiosas más poderosas del mundo. En el auto viajaba Consuelo Loera, la madre de Joaquín el Chapo Guzmán.

El Chapo es un narcotraficante, líder del cartel de Sinaloa. Por más de 30 años se dedicó al tráfico de drogas entre México y Estados Unidos. Durante el juicio realizado el año pasado en Estados Unidos, lugar donde fue extraditado luego de dos fugas de la prisión mexicana, varios colaboradores que decidieron atestiguar contra él lo acusaron de tener la fama de ser el traficante más rápido. El jurado también comprobó que conspiró para asesinar a 26 personas que representaban una amenaza para el cartel de Sinaloa como informantes, rivales, miembros de fuerzas de seguridad e incluso familiares. Ante las acusaciones del tribunal, la defensa del Chapo consistió en inculpar a su socio Ismael el Mayo Zambada. “El Chapo es un títere, no la cabeza del cartel de Sinaloa”, fue el argumento final. La defensa también denunció una conspiración entre las autoridades mexicanas y el Gobierno de EE.UU. para que el Mayo Zambada siga actuando impunemente y pagando sobornos tras medio siglo liderando el cartel.

Finalmente, la justicia de Estados Unidos lo condena a cadena perpetua, además de 30 años por violencia con armas de fuego y 20 por blanqueo de dinero.

"Aquí no se hizo justicia. EE.UU. no es mejor que otros países corruptos a los que este país no respeta", fueron sus palabras al finalizar el juicio.

Ante estos sucesos, inevitablemente nos toca pensar: Si hoy fuera comienzos del año 1992 ¿Qué pensarían los jueces italianos Giovanni Falcone y Paolo Borsellino? En medio de la soledad y desprotección que vivieron los jueces en los años ‘90, comenzaron a denunciar un presunto trato entre el Estado y la mafia. Falcone había obtenido la confesión de Tommaso Buscetta, primer arrepentido, quien dejaba al descubierto la estrecha relación entre el Estado y las organizaciones criminales, especialmente Cosa Nostra. Por orden de Salvatore Totò Riína, jefe de la organización, fue asesinado mediante la explosión de un coche bomba. Solo 57 días después Borsellino correría la misma suerte. "Se decía que la mafia no existía, que era una invención de la prensa para distraer a los ciudadanos de otros problemas más graves. Y sin embargo ya había habido varios atentados contra jueces, policías y periodistas" explicaba Leonardo Guarnotta, magistrado que trabajó codo a codo con los jueces asesinados.

Centrándonos en el presente, el saludo del presidente de México a la madre del Chapo fue desaprobado por gran parte de la sociedad. El gesto fue directamente relacionado por la opinión pública como un apretón de manos entre el Estado y la mafia. Situación que se vio sellada cuando el abogado del Chapo, José Luis González Meza, sentenció días después (en una entrevista) que la orden de su defendido fue: “No dañar al presidente. Cuantas veces vaya a Sinaloa, el presidente va a estar protegido”.

Esto expone implícitamente que el apoyo de la mafia al Estado sigue vigente. Según el diario “El País” cuando la mafia no mata, hace negocios. El ruido y las bombas asustan al dinero.

La madre del Chapo se acercó al presidente para pedirle ayuda y denunciar que Estados Unidos no la deja ver a su hijo hace más de 5 años. “Todavía no conozco a una madre que acepte la culpa de un hijo… Me pide que yo ayude en gestiones para que el Gobierno de Estados Unidos le permita viajar para ver a su hijo y voy a hacer el trámite…Yo creo que por razones humanitarias se le debería permitir… Lo haría por cualquier ser humano”, afirmó el mandatario mexicano.

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No podemos saber qué pensarían Falcone y Borsellino. Pero si sabemos qué hace el magistrado Nino Di Matteo, hoy miembro del Consejo Superior de la Magistratura y en el pasado protagonista como fiscal de juicios importantes sobre las masacres y sobre el juicio por la tratativa Estado-mafia, legado que continuó luego del asesinato de los jueces italianos. Durante el juicio, en el banquillo de los acusados por primera vez en la historia, se sientan juntos representantes del Estado, sicarios, mafiosos arrepentidos y grandes jefes de la Cosa Nostra. El 3 de noviembre de 2019, Nino habló en el programa italiano “Mezz’ora in più” transmitido por Rai3 y declaró: “este país sufre un déficit de conocimiento y memoria sobre ciertos hechos. De hecho, son continuamente ignorados por la mayoría de la opinión pública y también por una parte de la política. Cuando se habla de ‘acusaciones sin una pizca de evidencia’, hay una base proporcionada por las sentencias que se olvida. Y las investigaciones son imprescindibles”.

Las cartas que escribió la madre del Chapo al presidente de México pidiendo ayuda para ver a su hijo preso en Estados Unidos, perfectamente podrían haberse entregado de forma privada. Sin embargo, como un acto de provocación, se eligió un momento en el cual hubiera mucha gente para verlo. El saludo entre los dos y la posterior declaración del abogado del Chapo citando la orden expresa de proteger al presidente, dejan en evidencia que las relaciones del Estado y las mafias todavía sigue vigente en todo el mundo.

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Foto portada: www.elcomercio.pe  

Foto 1: www.bluradio.com
Por Alejandro Díaz, de OUR VOICE Córdoba – 9 de abril de 2020

alejandro diaz Falleció Bartolomé Luis Mitre. Fue en los últimos días del pasado marzo. Aunque de profesión abogado, desde mediados de los ‘60, fue uno de los principales responsables de la dirección del diario La Nación.

Este tradicional periódico argentino, fundado en 1870, de origen patricio y siempre elitista, se enarboló bajo el lema “tribuna de doctrina”. Fiel a sus maneras, desde sus páginas siempre apoyó, difundió y promulgó la doctrina liberal, entendida en el contexto latinoamericano del siglo XX, que ya nada refleja de aquellas luces que fueron. En este marco, no es de extrañar que, entre sus pares, el difunto fuera agasajado una y otra vez, como un “símbolo de la libertad de prensa”, como lo titularon varios periódicos afines. Nada más hipócrita.

La historia de este diario, su militancia y su manera de imponer el mundo, es harto conocida y solo basta con ver sus titulares a lo largo de los años. Siempre a favor de intereses concentrados, siempre a favor de una oligarquía privilegiada, no precisamente por mérito, y completamente distante a los valores aristocráticos.

Solo me permito traer al presente una fecha: 24 de marzo de 1977. Hacía un año que la dictadura cívico-militar y eclesiástica había tomado oficialmente el poder del Estado argentino. Aquel día fue trágico para la libertad de prensa en particular, y para la libertad del país en general. Dos hechos que, aunque diametralmente opuestos, fueron complementarios de una época que marcó a fuego la sociedad latinoamericana.

Por un lado, desde las páginas del diario La Nación, se publicaba una solicitada firmada por la Sociedad Rural Argentina (SRA), el organismo que aglutina las fortunas consolidadas a partir del genocidio de los pueblos originarios, y también otra firmada por la Asociación de Bancos de Argentina (ADEBA), que defiende históricamente los intereses especulativos de los grandes capitales internacionales.

En estas solicitadas se leían: “ADEBA (…) reitera hoy su adhesión a los principios de moralización, reconstrucción y recuperación de nuestros valores nacionales que inspiraron aquel movimiento.” Y también agregaba, “Sin perjuicio de que las empresas humanas son siempre perfectibles, nuestra convicción de que el país ha tomado el buen camino es inquebrantable. (…) Otros no quieren ver que existe siempre un costo para cualquier meta a la que se quiere llegar. Que todos los objetivos no pueden alcanzarse plena y simultáneamente. Que si quieren los fines hay que querer los medios conducentes a ellos”. La de la SRA, fiel a su nazionalismo, dictaba: “La Sociedad Rural Argentina reitera frente a los productores y a la ciudadanía en general su apoyo a toda acción que signifique completar el proceso iniciado el 24 de marzo de 1976, para poder lograr así los fines propuestos, que en definitiva son los grandes objetivos nacionales”, para quien tenga dudas de sus prioridades, la solicitada detalla: “Es indispensable reforzar el proceso dándole otro ritmo, logar definiciones y tomar decisiones que hacen al fondo del mismo y que son necesarias para proyectar a la Nación hacia su modernización, conforme con el plan económico inicialmente enunciado”.

Sugiero volver a releer estos párrafos, recordando las masacres, los desaparecidos, los vuelos de la muerte, las y los obreros y estudiantes avasallados, los sueños fragmentados, las voces censuradas. Volver a leerlos, contemplando que todo movimiento fue fríamente calculado, planificado y ejecutado con profundo profesionalismo y convicción. Y que fue, y es, producto de mentes refinadas.

La otra cara de esta moneda, el contrapeso de estas solicitadas, fue la “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, firmada por Rodolfo Walsh, que invito a leer y releer una y otra vez, y que no reproduzco aquí en forma completa para no desviar el tema. Comienza: “La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.” Y continúa: “El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, (…) ustedes liquidaron (…) la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron”.

Y finaliza: “Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles. Rodolfo Walsh. C.I. 2.845 022”.

Este sería el último acto público de Rodolfo Walsh, y quiero creer que no fue su último gesto político, porque abrazo la ilusión de que hasta el último momento de su existencia luchó con aquella aristocracia que corría por sus venas.

Ambos autores, uno cobardemente desde el anonimato de la personería jurídica, y otro dueño de su identidad, reflexionaban sobre lo perfectible de las sociedades. Lo que los diferenciaba, y lo que nos diferencia, es la empatía, el reconocimiento del otro y, por sobre todas las cosas, el respeto a la libertad que aquel ilustrado primario soñaba, dar la vida para que vos expreses la tuya.

Esta no es la historia de un insignificante como Bartolomé Luis Mitre, que nada soñaría porque nadie republicó sus ideas, “… no hay ahora un Sarmiento con su obra de más de cincuenta volúmenes”, escribió Raúl Eugenio Zaffaroni en el prólogo de “Profetas del Odio”. Estos odiadores, sólo lo adularon porque fue un fiel lacayo, un fiel sirviente de aquellos que digitan desde las sombras y desde el ocultismo. Incapaces de publicar libremente lo que verdaderamente piensan y hacen. Esta es la historia de la imposición por la fuerza de una doctrina que atenta contra toda libertad. No fue “la prensa” la que avaló la dictadura, fue la dictadura la que avaló a “la prensa”.

La libertad de expresión cobra sentido cuando busca construir un todo consensuado, más allá de la expresión por la expresión misma. La democracia no brota desde el Estado, que es sólo una institución al servicio de aquella. La democracia es algo que se vive cotidianamente, que se construye en la mesa familiar, en las rondas de convivencia, en los grupos de interés, en las asambleas. La democracia se vive cuando vivimos juntos, hasta incluso aquellos que pensamos distinto. El fin de la democracia no es una elección, sino la construcción inclusiva, siempre perfectible, de comunidades al servicio de la vida.

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*Foto de Portada: www.laizquierdadiario.com

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