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Por José Guzman desde Comandante Piedrabuena,Santa Cruz-26 de marzo de 2018

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.
El 24 de marzo no es un día de festejo como puede ser el 9 de julio o el 25 de mayo, en la Argentina. Es un día en el que debemos recordar y tener memoria del comienzo del más nefasto periodo que le toco vivir a nuestro país.
Este día se estableció como el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en recuerdo del golpe de estado de 1976. En la madrugada de ese día, las Fuerzas Armadas derrocaron a Isabel Perón, aplicaron un programa de ajuste económico y pusieron en marcha un sistemático plan de represión ilegal que provocaría la desaparición de 30.000 personas.

sonido430Todo terminó a la una de la madrugada del 24 de marzo de 1976 cuando el general José Rogelio Villarreal le dijo a Isabel Martínez de Perón: “Señora, las Fuerzas Armadas han decidido tomar el control político del país y usted queda arrestada”. O todo comenzó. Es cierto: el país no estaba bien. Había inflación, crisis sindical, violencia y una sensación de ingobernabilidad absolutamente real. Pero lo que se iniciaba esa fatídica madrugada sería peor. Asumía el control del país una Junta de Comandantes en Jefe integrada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Agosti.
“Control del país” significó, entre otras cosas, disolución de los partidos políticos y del Congreso, anulación de la libertad de prensa y expresión, reemplazo de la Corte Suprema de Justicia, supresión de toda actividad política y sindical, entrega económica. Y, fundamentalmente, muerte. Una pena de muerte disfrazada para “quienes causaren daño a medios de transporte, de comunicaciones, usinas, instalaciones de gas o agua y otros servicios públicos; para los que contaminaren el agua, los alimentos y las medicinas; para los que causaren daños con explosiones o incendios; para los que sean sorprendidos infraganti y no acaten las intimaciones, o se enfrenten con las fuerzas de seguridad". Pero en realidad significaba una pena de muerte para todo aquel, que en el país no acatara las órdenes, por más irracionales que fueran.
sonido2Comenzaba el mayor genocidio de la historia nacional. El terrorismo de Estado ocupaba los sillones. El plan de exterminio estaba en marcha. La Argentina, los argentinos, nunca más serían los mismos.
El golpe de marzo del 76 puso en marcha un proceso económico liberal de redistribución del poder y la riqueza. De la mano del Ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, proveniente de la más rancia aristocracia porteña y hombre de confianza de la banca internacional. Se implantó la reducción del déficit en base a las privatizaciones y la transferencia de los gastos a las provincias. La economía se “modernizó” abriendo las puertas a la importación, lo que obligó a la industria nacional a competir en un plano de absoluta desigualdad. El modelo de Estado benefactor, que propugnaba el Justicialismo, y las propuestas nacionales y populares cedieron por la fuerza ante la imposición del antecedente inmediato del neo-liberalismo.
sonido3Comunicado N° 19 del 24/03/76
“Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales”.
Así, en aquel fatídico año 76 se iniciaba un proceso del cual hoy, aparentemente los ciudadanos, hemos sufrido de amnesia debido a que nuevamente nos encontramos con visos de aquella época. Y en este 2018 parece que tenemos miedo de reaccionar.
El estado de Derecho pende de un hilo y la prensa ha sido bastardeada como si se tratara de un relato de Orwel donde el gran hermano nos indica qué pensar y cómo actuar; los medios hegemónicos nos disparan verdades a medias que nos prestan a discusiones sin sentido entre pares porque el último bastión de la prensa libre está siendo destruido.
Mientras escribo estas palabras minuto a minuto radios comunitarias son cerradas y periodistas independientes son despedidos y silenciados porque de ciertas cosas no se debe hablar, tal como le indicaron al periodista Dante Lobos del Canal 4 de Esquel luego de publicar las imágenes que indicaban que Santiago Maldonado estuvo ese 1ero de agosto en la Lof de Resistencia del Departamento de Cushamen, antes de removerlo de su puesto.
Pero no estamos tan mal….
Esa frase que se repite casi como los cantos folclóricos religiosos del sur de los Estados Unidos de América, creados y cantados en su origen por los afroamericanos durante la esclavitud .Porque estamos esclavos de un sistema que nos reprime y que no nos permite pensar o actuar por fuera de las reglas impuestas. Y debemos ser reprimidos si actuamos en contrario. Los pobres, los que reclaman, los nadies son el terrorismo de hoy, ya que le recuerdan al establishment que todo su poder es ilusorio.
Una ilusión que los adultos que estamos inmersos en este medio corrupto y consumista tal vez no podamos sortear. Pero los jóvenes aún tienen la llama de la justicia en su pecho. La llama que solo debe ser alimentada, porque tal vez sea la última carta en este juego.
La última carta de este juego en el que la sombra de aquel fatídico 76 se presenta ante nuestros ojos, nuevamente.
Y los buenos esta vez, no deben quedarse callados.
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*Fotos de Our Voice y Antimafia Dos Mil: secuencias de la marcha realizada por el Movimiento Cultural Internacional Our Voice (Nuestra Voz) frente al cine teatro Select en la ciudad Comandante Luis Piedrabuena.