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Por Claudio Rojas-21 de marzo de 2019

Son hechos y no palabras.

En Chile se ha hablado durante mucho tiempo de la necesidad de modernizar el Estado, pero quienes han estado impulsando ese discurso, con el que estamos de acuerdo desde cierto ángulo, nunca han hecho referencia a esta parte medular del Estado que son las Fuerzas Armadas. La modernización del Estado hoy debiera partir por la modernización y los mecanismos o sistemas de control sobre las Fuerzas Armadas, eso es hoy lo principal, y creemos que sería fundamental poder trabajar en reformar las leyes orgánicas y la Constitución en lo que refiere a la autonomía y funcionamiento de las Fuerzas Armadas y de Orden.

Para la completa lista de escándalos (de los que sabemos) no alcanza el espacio.

Los Pinocheques. Las platas del Riggs. El contrabando de armas a Croacia… Los Mirage y muebles de rattan de la Fuerza Aérea. Las turbias fragatas de los marinos. Pacogate. Robos masivos y sistemáticos con los pasajes aéreos. Un Fondo Mutuo del Ejército en Aysén con un desfalco de 3 mil millones, por mencionar algunos.

El Contralor Bermúdez informó en junio de 2016 a la Presidenta Bachelet que era imposible auditar los gastos reservados, pues los datos eran mínimos e impenetrables, por décadas… sin respuesta. Luego lo hizo al Congreso. Se intentó modificar y el TC lo impugnó (que cosa más rara, ¿no?).

El cargo más difícil en el Gobierno en este momento, es sin lugar a dudas, el de ministro de Defensa. Le toca mirar para el lado sin pestañear ni enrojecer de rabia, mantener “cara de palo”, en un ministerio lleno de ex uniformados. El comandante en Jefe del Ejército Martínez reconoció que no informó al ministro Espina de los casos de tráfico de armas vinculados a bandas de narcos… nada menos que a ¡bandas de narcos! No le pasó nada. Por el lado de las humillaciones no nos quedamos cortos: a raíz del huracanado escándalo, las FF.EE. de Carabineros rodearon a los vehículos de la PDI en Temuco, en un amenazante desplante que en cualquier país normal hubiera valido la remoción inmediata de todas sus

autoridades.

Fue en el marco de la discusión presupuestaria del año pasado cuando el gobierno se comprometió con la oposición a enviar un proyecto para modificar el sistema de información y rendición de los gastos reservados de las Fuerzas Armadas y de seguridad.

Así, si bien en un inicio el Ejecutivo había incluido modificaciones en ese sentido en el proyecto que deroga la Ley Reservada del Cobre y crea un nuevo sistema para el financiamiento de las distintas ramas armadas, finalmente el Presidente Piñera separó ambas iniciativas y, en enero, envió un proyecto que busca aumentar el control civil del uso de esos dineros y, asimismo, hacer más transparente su rendición.

Sin embargo, y pese a que en un primer momento la oposición valoró el envío de dicha normativa al Congreso, parlamentarios del sector emplazaron al gobierno a endurecer la normativa, la que califican de “insuficiente”.

¿Qué habrán sospechado sucesivos ministros que visitaron la casa imperial del general Fuente-Alba, constatando una ostentación que ningún millonario de Chile exhibe? ¿O será que no se atrevieron a sospechar por temor a destapar el avispero que finalmente se destapó? Con insolencia extrema el Ejército exhibe el retrato del General Manuel (Mamo) Contreras –nuestro violador supremo de Derechos Humanos– en su galería de generales, y… no pasa nada. Otro comandante en Jefe declara que “defenderemos nuestra previsión con dientes y muelas”. Vaya, vaya, ¿cuáles serán esos dientes y cuáles esas muelas? No pasanada!!

Hay que preguntarse, entonces, ¿por qué sucesivos Presidentes no han intervenido para generar un verdadero control civil, a pesar de que hoy un golpe militar ya sería inconcebible? La ciudadanía sin duda los apoyaría. Aquí aventuramos una hipótesis: los mecanismos de ascenso. En teoría, van a

ascendiendo los “mejores”. Con toda seguridad se considera su capacidad, disciplina y entrega, pero el criterio de “mejores” también incluye su nivel de adhesión a la ideología del pinochetismo y su pertenencia a la “familia militar”. Con ello, se asegura la auto rreproducción de la especie, en esta organización instalada en el nepotismo, la corrupción y la provocación, impropia de una institución digna, llamada a ser modelo para el país y la región. El problema es entonces la decantación perversa de sus cúpulas.

Si en el próximo escándalo se descabezaran las 50 autoridades superiores de cada rama (cuestión hoy imposible por ley), no se sacaría nada. Los siguientes 100 deben pensar igual, están cortados por la misma tijera.

Se sigue respetando el pacto secreto entre la clase política que estaba hambrienta de poder en los años 90 y los militares herederos de Pinochet, de esa la tan bullada “transición” que permitiría justicia, sólo en la medida de lo posible, es decir mientras no molestara demasiado a los militares; un pacto que se ha hecho respetar por el poder de las armas y ningún Presidente se ha atrevido a hurgar; tal es así que el poder militar toma más poder y los civiles no dicen nada mientras les permitan seguir siendo las marionetas visibles, en el Gobierno.

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*Foto de Portada: www.awakechile.com

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