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09Descanso afganos Belgrado SerbiaEl drama de los refugiados.Atraviesan Irán y Turquía donde se embarcan hasta la isla griega de Lesbos. Luego cruzan a Macedonia y Serbia.
Antes de las siete de la mañana cientos de refugiados hacen cola en los andenes de la estación de trenes de Belgrado. Tienen billete y saben que a las 07.17 sale el Intercity que atraviesa Hungría y llega hasta Viena. Un joven afgano que no debe pasar los 20 años enseña su billete al periodista. Es para llegar hasta Budapest, pero no irá tan lejos porque entre su pasado de guerra y su incógnita como refugiado en Europa todavía está el obstáculo de la frontera húngara.

En el tren van subiendo los viajeros habituales y algunos turistas pero los policías no dejan subir a un centenar de afganos y sirios. Les piden que se tranquilicen. En ese momento llega otro vagón, igual que los demás, pero en el que viajarán sólo los refugiados. La policía no deja a nadie más subir a ese vagón, así que los refugiados viajarán separados, como si fueran una amenaza. Con ellos van dos policías armados.
Cuando se llena el tren, el resto se queda tirado en el vagón. Esperan, esperan como los cientos que aguardan junto a la estación, en el Parque Bristol. Hay otro tren cuatro horas después.
Pasadas más de cuatro horas el tren para en Subotica, la última gran ciudad serbia antes de la frontera con Hungría. Aunque hayan comprado billetes para Budapest, a los refugiados los bajan en fila y otros policías los encaminan fuera de la estación. Los últimos en bajar del vagón son una pareja joven con tres niños pequeños, el menor no debe tener ni un año. La madre mira con miedo, la niña, con una remera de Xavi del Barcelona, llora.
Fuera de la estación los espera una fila de taxis. Los taxistas de Subotica están haciendo el negocio del siglo, cobrando 50 euros por llevar a los refugiados hasta Horgos, a menos de 30 kilómetros. Van y vienen desde hace semanas.
“Hasta diez veces al día”, reconoce Attila, doble nacionalidad serbo-húngara y que al principio no quiere llevar al periodista: “es peligroso, está lleno de policía” hasta que ve el pasaporte europeo y los 50 euros. “¿Y los que no pueden pagar? “La policía los deja en la estación hasta que tiene suficientes para llenar un colectivo”.
En Horgos bajan de los taxis. Hasta la frontera hay poco más de tres kilómetros. Pero no pueden ir por la carretera, así que siguen a pie por la vía del tren, que lleva días sin circular. Clarín hizo esos kilómetros con un grupo de afganos hazaras, una etnia perseguida por los talibanes, de mayoría pastún. Son ocho, viajan juntos desde Afganistán y aseguran que salieron hace dos meses.
Akram, que parece dominar el inglés mejor que los demás, cuenta que atravesaron Irán y Turquía para ahí embarcarse hasta la isla griega de Lesbos y seguir la ruta que están tomando cientos de miles de personas desde Grecia hasta la frontera serbo-húngara pasando por Macedonia y Serbia.
Son las tres de la tarde, el termómetro del celular dice que hay 34 grados, llevan las botellas de agua llenas desde la estación de trenes de Belgrado, algo de fruta y unos bocadillos. Comen a la sombra de unos árboles. En media hora estarán en la frontera, pero hay nervios.
Akram va contando el calvario que han pasado, pero asegura que “peor era mi país, los talibanes siguen creciendo, cuando se vayan los norteamericanos aquello será como Siria”, que “Europa es rica, sólo queremos trabajar, no vamos a robar ni a quitarle el trabajo a nadie”.
Attila, el taxista, contaba horas antes que en la frontera no sólo espera la policía húngara: “También hay alemanes, yo los he visto con los húngaros”. La valla fronteriza está a unos cientos de metros. No hay barrera por donde cruza la vía del tren. Se oye un helicóptero y los ocho afganos se meten entre los maizales. No quieren pedir asilo en Hungría porque saben que cualquier otro país europeo podría devolverlos a Hungría. Pero saben que difícilmente escaparán a la policía húngara.
Siguen caminando por la vía. A unos cientos de metros se ve la valla y a la policía húngara. Hay tres autos y un colectivo vacío. Se oye ladrar a los perros. Akram dice que no tienen miedo: “¿Miedo a qué? Eso es Europa, ya casi lo tenemos”. ¿Y no tienen miedo a que los devuelvan atrás? “No nos pueden mandar de vuelta a la guerra”. La frontera de la UE –a excepción del paso por Grecia, que no tiene fronteras terrestres con ningún país del espacio Schengen- tras más de 5.500 kilómetros desde Afganistán.
El vicepresidente de la Comisión Europea, el holandés Frans Timmermans, dijo ayer que “ayudar a este gente que huye de la guerra es un imperativo moral y legal, tenemos que verlos como seres humanos”. Hace unas semanas, el premier británico David Cameron les llamó “enjambre”, como si fueran insectos.
En Hungría les espera un “centro de acogida”, según el gobierno del nacionalista Viktor Orban. En realidad, es un dantesco campo donde serán retenidos hasta que les dejen seguir hacia Budapest.
http://www.clarin.com/mundo/Refugiafos-Afganistan-Serbia-Hungria_0_1423058114.html

 

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