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14seminarioLA INSPECCION OCULAR EN EL SEMINARIO DE PARANA PERMITIO CORROBORAR LOS TESTIMONIOS DE LAS VICTIMAS
22/10/2012
También se notó la preocupación de la Iglesia, que controló cada movimiento
La recorrida in situ fue considerada como "positiva" por querellantes y miembros de la Justicia.
La tarea judicial in situ realizada este lunes en el Seminario de Paraná sirvió para corroborar la veracidad y las coincidencias de las víctimas del cura Justo José Ilarraz, en cuanto a los detalles aportados en sus testimonios, como así también la preocupación que existe en la conducción de la Iglesia de Paraná, que en la inspección ocular desarrollada se ocupó de controlar, de modo exhaustivo, cada uno de los movimientos de los visitantes. La recorrida por el amplio establecimiento religioso estuvo encabezada del juez de Instrucción de Paraná, Alejandro Grippo, quien a su vez estuvo acompañado por el fiscal Juan Francisco Ramírez Montrull, al igual que por los abogados querellantes Milton Urrutia, Marcos Rodríguez Allende, Marcelo Baridón y Álvaro Piérola.
De ANALISIS DIGITAL
Fue una medida judicial breve pero suficiente para poder visualizar en el propio lugar el marco en el cual se desenvolvieron, durante años, varios de los chicos abusados por un cura pedófilo. Cerca de las 19 –o sea, casi dos horas después de lo previsto- magistrados y abogados querellantes (lote en el cual, el único que tenía pleno conocimiento era Milton Urrutia, por su carácter de ex seminarista, precisamente en tiempos de abuso del cura Justo Ilarraz), se hizo casi el mismo camino de aquellos niños de la década del 80. Un edificio de grandes dimensiones, con fríos y oscuros pasillos en galería, entre los verdes del cotizado campo que lo rodea.
Dos pabellones: uno, el del Seminario Mayor de entonces, que en la actualidad es el único que utilizan sus sólo 40 alumnos (décadas atrás eran hasta 200 o más de 300), modificado en su estructura edilicia atento que, lo que supo ser un gran espacio común, hoy esta transformado en habitaciones tabicadas de tamaños diversos, con camas individuales vetustas y colchones precarios. El otro, el del Seminario Menor de entonces, hoy abandonado, alberga familias enteras de palomas que viven entre paredes que fueron testigos de los aberrantes abusos cometidos por el cura Ilarraz, a los ojos de las imágenes sagradas a quienes se encomendaba.
También se observó el bunker del sacerdote, un cuarto de dos ambientes y baño privado, con escritorio por un lado y con una cama por el otro. O sea, prácticamente igual a como estaba en sus tiempos de prefecto abusador. Este último sector, de no más de tres por cuatro metros, fue su guarida, donde supo albergar puñados de niños seminaristas en jaranas nocturnas destinadas a corromperlos. Pared de por medio, la habitación de otro cura representativo, el más importante de la diócesis en la actualidad, el "padre Juan Alberto" como lo llamaban sus dirigidos. Ese mismo, el hoy monseñor Juan Alberto Puíggari, arzobispo de Paraná, quien curiosamente nada supo de todo lo que sucedía a treinta centímetros de donde estaba.
Eso permitió la inspección judicial; confirmar algunas mentiras sostenidas en los últimos tiempos. Ratificar la veracidad de los testimonios de las víctimas y su absoluta coincidencia, pese incluso a que hubo testigos que nunca se conocieron y pertenecían a diferentes promociones. Y sobre todo, confirmar la incomodidad de los actuales representantes del clero, quienes manifestaron -sin decirlo, claro- tirantez, y disgusto por la visita de autoridades del sistema republicano como lo son los jueces y fiscales civiles en un estado democrático de derecho. “Yo solamente hablo con el juez”, dijo una de las autoridades apenas llevó la comitiva y se encerró con el magistrado Alejandro Grippo a durante algunos minutos, evidentemente para acordar los pasos que se iban a dar en el establecimiento. El gesto de disconformidad de parte del representante eclesiástico resultó evidente y hasta provocó cierta sorpresa en los visitantes, que solamente atinaron a hacer alguna mueca de disgusto, pero no más que eso, porque no valía la pena. Incluso, llamó la atención también la presencia -entre las autoridades presentes en el Seminario- de uno de los abogados del Arzobispado de Paraná, pese a que no es parte de la causa.
Conformidad de la parte querellante
El abogado querellante, Marcos Rodríguez Allende, se refirió a los resultados logrados durante la inspección ocular. Desde su perspectiva expresó que “tenemos que tener en cuenta que todos los abusos que terminan en corrupción de varios menores, la mayoría, por no decir todos, fueron en la habitación que utilizaba en ese entonces el cura -Justo- Ilarraz. Esta habitación, y lo que hace a esta parte querellante: le interesó las dimensiones y las características. Y coincide absolutamente con las declaraciones testimoniales”
Acerca de los lugares analizados dentro del edificio del Seminario explicó a Uno: “El baño donde se encontraba, ese famoso pasillo, que hacía de unión entre el dormitorio donde funncionaba la parte administrativa que utilizaba Ilarraz y los dormitorios donde descansaban los estudiantes nos viene a ratificar los dichos de las víctimas: evidentemente son dichos veraces y que concuerdan con esta inspección judicial que acabamos de realizar”.
Finalmente anticipó que “esta semana vamos a estar haciendo un análisis de todos los elementos probatorios que se encuentran en la causa y vamos a estar requiriendo medidas probatorias que van a ser muy importantes. En esta etapa procesal estamos absolutamente seguros que acá no hay un único responsable que es Justo Ilarraz. El sacerdote es únicamente responsable de los abusos sexuales cometidos a menores, hay otras responsabilidades que esta semana la vamos a dar a conocer”.
http://analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=173741

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