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juegoGRAND THEFT AUTO V: PORQUÉ UNA CAMPAÑA EN CONTRA
Por Giulietto Chiesa - 1° de Diciembre de 2013 – VIDEO
Para Navidad, padres zombies se la regalarán a sus hijos, para que ellos también se conviertan en zombies como ellos. Hay que boicotearlo y dejar de “divertirse hasta morir”. Se ha estrenado una ‘película’ muy especial que dura todo el tiempo que quiere el que lo ha comprado. En este juego el que mueve a los actores es el espectador que por lo tanto se convierte en protagonista. Hay que ver qué progreso hay hacia la “participación” y la destrucción del esquema de la televisión, tan “autoritaria” y unidireccional. ¡Viva!
En realidad, para disipar el entusiasmo hay que decir inmediatamente que el espectador/actor de esta película es protagonista solo en un cierto sentido, muy especial. De hecho el guión ya está escrito o, para decirlo mejor, diseñado. Y quien mira y aprieta los botones de la PlayStation puede influir claramente en lo que ocurre, pero es como si se moviera sobre los caminos trazados por alguien más.
Antes que nada tenemos que decir cuánto ha costado crear esta película, porque los números son los que cuentan. Sobre todo para quienes lo idearon y produjeron. Ha costado más que cualquier otra película realizada jamás en la historia del cine, a excepción hecha de uno de Walt Disney, es decir, 266 millones de dólares. No se sabe cuánta gente ha trabajado en ella, pero son algunos miles de personas, cada una de las cuales - como dentro de poco veremos – ha contribuido a una operación cultural devastadora para el tenor intelectual y moral de quienes viven y vivirán en este planeta. Una contribución muy diferenciada, según el lugar que cada uno de ellos ocupó en la producción. Más o menos como hicieron y hacen los productores de armas, por ejemplo, de cazabombarderos F-35. Porque, como veremos dentro de poco, esta película también es un arma.
Y no (solo) un arma de “distracción masiva”, sino que de verdadera destrucción masiva. Solo que en este caso la destrucción es intelectual y moral, y afecta a quienes lo compran y que se sirven de la misma. Es como si alguien fuera a un negocio y se comprara una bomba de explosión retardada, y luego se la pusieran encima para hacerse masacrar. ¿Recordáis esa otra película, de Woody Allen? La única diferencia consiste en el hecho de que la bomba es indolora. No te mata físicamente. En cambio penetra intelectualmente, dándote quizás un espasmo de placer. Pero éste es un tema, como veremos dentro de poco, altamente controvertido. Algo seguro es que quienes la pensaron están ganando cifras astronómicas. El Producto Bruto Interno agradece. ¿Cuánto ganan?
Desde el 17 de Septiembre pasado, fecha en la que el producto llegó a los exhibidores de los negocios, se han recaudado, en pocas semanas, algo más de mil millones y medio de dólares, con 14 millones de copias vendidas, al parecer, solo en los primeros tres días. Ochocientos millones de dólares de recaudación solo en el primer día de ventas. ¡Un boom! Nunca antes una película había alcanzado un exploit similar. Cuánto ha entrado en las cajas desde entonces, en estos meses, no lo sabemos, pero el lanzamiento a la venta sigue en pie. Para Navidad hará furor entre los regalos. Padres zombies se la regalarán a sus hijos para que ellos también se conviertan en lo que ellos son.
De todos modos para ver bien las dimensiones de este fenómeno habrá que decir finalmente que esta “película”, que ha movido la mano del que escribe, es el último retoño de una serie: el quinto. Los cuatro anteriores circulan alrededor del planeta desde 1995, y ya fueron vendidas 150 millones de copias. Que no quiere decir solamente, como estáis comenzando a entender bien, la misma cantidad de millones de espectadores. Que en cambio se multiplican por cinco o por diez: esta película se puede ver en soledad, pero también en compañía, y de hecho esto es lo que ocurre más a menudo. Además esta película puede salir del cajón cuantas veces se quiera, vive, prolifera, acumula adeptos, fans, como se dice hoy, se expande. Porque es muy divertida.
Con el último retoño se alcanzarán y se superarán los mil millones de expectadores-actores. Un séptimo de la población del planeta. Pero - teniendo en cuenta que algunos miles de millones de habitantes de la Tierra no tienen electricidad y ni siquiera una computadora – la densidad media de los kamikazes que aplicarán sobre sí mismos esta arma será mucho más alta en Occidente que en África, por ejemplo. Lo que equivale a decir que la densidad media del estúpido es más alta en Occidente que en el resto del mundo. Pero no querría divagar demasiado: es mejor entrar en lo específico y satisfacer rápidamente la curiosidad de quienes leen.
Aparece escrito, muy llamativamente en la tapa, que esta película está prohibida para los menores de 18 años, pero la escritura es un favor para los productores. Al igual que las cuatro anteriores eran “no aconsejables” para los menores. Un sistema ideal para que quienes lo compren sean precísamente los menores. Es como una coronación, una “Palma de Oro”, la cúspide de la carrera, un Premio Oscar. Este último merece todo esto más aún que los cuatro anteriores todos juntos. Es un salto de calidad, es el Progreso. Solo los salvajes pueden rechazarlo.
En fin, el objeto en cuestión seguramente será manejado sobre todo por los adolescentes masculinos de todas partes del mundo que por los adultos y las mujeres. Serán los jóvenes de todas las edades quienes con las yemas de los dedos híper desarrolladas de la net-generation, quienes gozarán de los beneficios de una “película” que quedará en la historia. Dadas las cifras antes mencionadas (que quizás hayan sido exageradas por los vendedores, pero no demasiado) ya se puede decir que este acontecimiento “marcará” a toda una generación. La marcará precísamente en el sentido de una marca a fuego, como la que se les aplicaba a las cabezas de ganado en los grandes corrales del Far West. Solo que esta marca no quedará impresa en el cuerpo sino en la mente de cada uno de ellos.
Claro que si, claro que si, escriben los comentadores obtusos de las páginas del espectáculo de periódicos y de televisiones, esto es “algo para adultos”. Lo es, sin lugar a dudas. Además.
Lo cual nos obliga a preguntarnos cuál es el tipo medio del adulto masculino plasmado por la sociedad del espectáculo.
Leí una crítica de esta “película” en la que el periodista se empeñaba en explicar que, en el fondo, el nivel de criminalidad (de hecho estamos hablando de cultura de masas) que manifiesta es tan increíble que es capaz de desactivar el mecanismo de absorción de contenidos, y de hacer sonreír irónicamente a quien la mira. Y bien: esta es la primera y la más simple justificación: el contenido de la película es tan, indeciblemente ignominioso, que quienes disfrutan del mismo “no lo pueden creer”, no puede ser influenciado porque es “exagerado”. Pero el problema es que nadie se ríe mientras mira y participa. No ríen los adultos mientras destripan al enemigo, mientras violan a una prostituta. No ríen los niños y los adolescentes mientras manejan un coche de lujo – que acaban de elegir, gratis, en el híper mercado que la película les pone a disposición, con gran variedad de marcas, colores, cilindradas de Gran Prix – por las aceras con una sádica intención de matar peatones. De los cuales se siente el muy realista grito de dolor mientras mueren.
Quizás algún pedagogo, algún psicólogo, tendría que explicarles a estos “críticos de arte” que un niño de diez años, pero así también uno de quince o de veinte, pero así también un adulto plasmado por el canal “Italia Uno”, nunca han tenido tiempo ni forma de munirse de un bagage  intelectual tan grande como para que les permita “apartarse” irónicamente de semejante tipo de actividad “social”. El hecho es que los intelectuales tienden a proyectarse a sí mismos en los demás, y se esperan que los demás reaccionen a los acontecimientos precísamente como harían ellos. Lo que, naturalmente, nunca ocurre. Nunca se les viene a la mente que los millones de espectadores-actores-jugadores de esta película viven en casas en las que no hay ni siquiera un libro, que por otro lado nunca han leído, ni ellos, ni sus padres, parientes ni amigos. No toman en cuenta que no hay un filtro defensivo en las mentes de la gran mayoría de los espectadores, que ya desde hace tiempo se han transformado en “homines videntes” y en consumidores compulsivos.
Me pregunto: ¿hacia qué mutación antropológica estamos yendo? Le pido disculpas al lector: estoy anticipando cosas que “vosotros humanos” todavía no podéis imaginar, ya que aún no habéis pasado a través de las Puertas de Tannhäuser de esta película. Me detengo en estas cifras para que quede claro que estamos ante una “mercancía” especial. Guy Debord murió antes de verla terminada, pero la había imaginado muy bien. Hoy ésta es la reina, el paradigma de la sociedad del espectáculo. Neil Postman también pasó a mejor vida, pero fue un profeta cuando dijo “Divertirse hasta morir”: ahí está la descripción más perfecta de “GTA V” – este es el título de la película en cuestión, que es la simplificación de “Grand Theft Auto V”, el nombre en inglés del delito de robo de coches, que en castellano podría sonar así: Gigantesco Robo de Coches. Muy inocente ¿no es cierto Hasta incluso banal. ¿Quién no ha robado un coche? ¿Acaso nunca habéis robado uno? ¡Qué estúpidos que sois! Peor para vosotros, porque jugaréis mal. De todos modos: ¿quién no ha deseado un bonito coche deportivo? El breve pasaje entre deseo y robo real aquí se da de un salto ¡Y si fuera solo el robo de un coche! Los creadores comenzaron con prudencia, con robos sin importancia. Pero ahora las cosas han madurado. El “nuevo mundo” de Huxley está llegando: se puede hacer más, mucho más. ¡Los jugadores ya han sido preparados para otro tipo de desafíos!
El lugar de la acción es Los Santos, que se parece mucho a Los Angeles. Diseño y guión extraordinariamente realistas. Los personajes que hay que manejar son tres: Michael De Santa, Franklin Clinton, Trevor Philips. Es decir, un gangster afro-americano, un “jubilado” precoz dispuesto a todo y un “desequilibrado mental” cuya cara se parece mucho al Jack Nicholson de “Shining”. Sus “misiones” las guiais vosotros que jugáis, y no son más que una serie de infamias que hasta incluso son difíciles de describir.
Al parecer sólo ha protestado “Amnesty International”. El resto silencio. Hay un grupo de delincuentes (no me refiero a los tres protagonistas diseñados por equipos enteros de esclavos frente a sus computadoras) que, para ganar dinero, vende un brebaje venenoso a escala planetaria. Para el dios mercado son unos santos. ¿Acaso pensáis que alguno los criticará si producen miles de millones? ¿Qué diferencia hay entre ellos y el CEO del Goldman Sachs? La única diferencia es que Lloyd C. Blankfein no degüella a nadie en público y, aparentemente, tampoco invita a hacerlo (a pesar de que reservadamente en sus suntuosas oficinas firma documentos que condenan a la muerte a millones de personas).
Estos delincuentes tienen nombre y apellido. Se llaman Sam y Dan Houser, los dos hermanos fundadores de “Rockstar Games”. El segundo es el genio que escribe los guiones del juego. Es gente más peligrosa que los vendedores de droga, que los carteles del opio y de la cocaína. Su objetivo es despertar lo peor de la profundidad de la psiquis humana: deseducar en cuanto a la vida civil, humillar, ensuciar el espíritu, las conciencias, mostrar un mundo en el que toda regla puede ser infringida, y donde cada infracción es premiada con dinero que permite comprar – por ahora virtualmente – algo superfluo, lujoso. Algo que ningún jugador podrá permitirse a lo largo de su vida real. El crimen es la norma. Ejecutado hipnóticamente una infinidad de veces por mentes privadas de toda posibilidad de elección, por lo tanto de defensa.
“Pero, en el fondo, es un juego”, escriben sus vendedores y los que están a su alrededor. Unos y otros parece que no saben – y probablemente no saben – cómo se pueden usar las “debilidades” humanas.
Dejemos de lado las filas enteras de pedagogos que sin embargo deberían decir algo al respecto.
Pero bastaría con estudiar las campañas publicitarias de “Coca Cola” para entender la vulnerabilidad del cerebro humano en cuanto a los mensajes repetidos y construidos para penetrarlo. Si fuera cierto que “no hay nada de censurable o peligroso” en operaciones de este tipo, entonces habría que decirle a los padres que dejen de educar a sus hijos y que les dejen hacer lo que les dictan las leyes de la jungla. En realidad una vez despojados de la venda de las llamadas “leyes de mercado”, nos daríamos cuenta de que estamos ante una evidente apología del delito, disfrazada con el crecimiento del PBI, por lo tanto intocable e incensurable.
Es más, ya me parece escuchar los fuertes gritos de los defensores de la libertad de expresión: “¡Esto es censura!”
Respondo inmediátamente: esta es una defensa en contra de una agresión solapada, imparable, incontrolable, ejercida por personas que saben que están cometiendo un crimen y lo hacen gozando de la superioridad tecnológica y económica de la cual disponen.
Ahora los delincuentes (que, justamente, ejercen, con nuestro dinero, agresiones cotidianas que se extienden hasta nuestros hijos) abundan en la web. “GTA V” está en internet. Los tres delincuentes y “desequilibrados mentales” del juego inicial se confunden con los millones de delincuentes que jugarán on-line con sus delincuentes avatares. La Rockstar Games está comprando, aparentemente, gigantescos servidores para garantizarles a todos el poder estuprar al menos una vez por día a una chica. Ya hoy, si la maravillosa banda es bastante ancha, puedes formar una “banda virtual” con algún chico de Seúl, Hong Kong, o de Denver, para ir a robar un banco para poder comprarte una ametralladora más poderosa de la que usaste para dispararle en la cabeza al mejicano que te vendió la droga.
En términos técnicos me parece, como ya dije, que se trata de apología del delito. He visto una librería de Roma en la que desmantelaron una vidriera, en la que hace un tiempo exhibían libros, para dedicarla íntegramente a “GTA V”.
Pero lo que me sigue sorprendiendo es la reacción colectiva de la gente culta, bien educada, entre los que se encuentran muchos “de izquierda”. Y, en general, adultos a los que definiríamos como normales. En primer lugar, cuando saco este tema, descubro que casi nadie es consciente. Te miran como si fueras un idiota. Me ocurrió en Moscú, en Skopje (Macedonia), en Roma, en Milán, en Bruselas, en Vladikavkaz (Ossetia del Norte). En todos lados los comensales adultos no sabían nada. Luego ocurre que llega un joven, un hijo (las hijas no juegan al “GTA V”), quizás de primer año de la Universidad, o estudiantes de la escuela media, que acaba de participar a una sesión colectiva, online, de “Grand Theft Auto V”. Entonces los adultos se despiertan, por un instante. Comienza la discusión y en líneas generales la actitud es la siguiente: no es un problema; es un juego; la violencia está en la sociedad, por lo tanto aunque uno no juegue la aprende todos los días; la violencia no se transmite, si uno no la tiene dentro, nunca será contagiado. Incluso algunos alaban la labor de la Rockstar Games: incluso podría ser una especie de antídoto, un modo de desahogar las tensiones, los impulsos homicidas, en el terreno virtual. Luego se apaga la televisión y todos van a dormir pacificados.
Uno de estos señores, que también es padre, de unos cuarenta años, incluso me reprendió: “¿Pero nunca jugaste a los indios? ¿Quieres decir que una película como La Naranja Mecánica puede producir violencia en la vida real?” Incluso me tocó encontrarme con varios educadores, que podrían ser pedagogos, convencidos de que “no hay nada de malo en algo así”. Lo que más frecuentemente he encontrado es una soberana indiferencia.
Estamos en medio de una revolución tecnológica que se aprovecha a lo largo y a lo ancho y en toda su profundidad de todos los efectos de una comunicación descomunal, que invade cada instante de nuestra vida y que ya ha modificado la forma de pensar (no solo de vivir) de miles de millones de personas, y los intelectuales aún no han comprendido la diferencia entre el jugar al policía y al ladrón en los jardines del condominio; y estar horas, en “soledad”, o en una compañía tendencialmente embrutecida, manejando instrumentos de muerte ante una pantalla.
A casi todos se les pasa por alto que la dimensión de escala de estos fenómenos “culturales” ha modificado su naturaleza. Cuando cien millones de personas hacen lo mismo el fenómeno ya no puede ser tratado como individual. Esto tiene efectos sociales.
Tendría que ser algo obvio. No lo es.
Sobre todo se le pasa por alto al culto y a la ínclita que aquí no se trata solo de violencia. Gran parte de “GTA V” no tiene que ver con armas y asesinatos. Tiene que ver con el gusto estético, el consumo, el diseño de la ciudad, las relaciones entre las personas y entre las personas y las cosas, la forma en la cual uno se viste o se peina, la melena que “hay que tener”, las palabras que “se tienen que usar”. Es un fresco de la sociedad del consumo espasmódico. Es la legitimación total de un “estilo de vida”, pero privado de todo “estilo”, de toda estética, de toda (por más mínima que sea) inspiración intelectual, o moral.
Lo que ves y manejas con el joystick es una piara de cerdos, uno de los cuales eres tú mismo, todos guiados por impulsos que antes que ser homicidas, son de aceptación integral de lo existente. Es más: peor que la aceptación, porque esta también implica una elección. Es ausencia de toda elección. Le pregunté a un chico de diecisiete años, quien también considera al juego de “GTA V” como inofensivo: ¿acaso existe un papel positivo? Por ejemplo, ¿puedes interpretar a un policía que lucha en contra de los ladrones? Me miró y me explicó a duras penas (a duras penas porque no disponía ni siquiera del vocabulario adecuado a semejante concepto) que cualquier función social está excluida de la “logica” de “Los Santos”. El mismo juego es incompatible con los buenos sentimientos. Creo que he completado la descripción.
“GTA V” es la producción masiva de “mal difundido”, de malos pensamientos, de desprecio por la vida y la solidaridad, de persecución de los instintos de abuso a niveles industriales.
Aquí la calidad se concentra en cantidades vertiginosas. Millones, miles de millones de individuos entran en este anormal circuito cotidiano, todos juntos. No es la caza de los indios de cuando éramos niños. Es el criadero de pollos que, en lugar de asesinar, se dejarán asesinar pensando que están jugando al “GTA V”.
Y bien, cuando digo que tenemos que organizar una lucha para defender “nuestro territorio”, y cuando en nuestro territorio incluyo a nuestra mente y a la de nuestros hijos, digo que tendríamos que organizar una ofensiva política, así como legal, en contra de “GTA V”. Pedir que sea declarado fuera de la ley es un acto de lucha. Promover acciones judiciales en contra de quienes difunden el juego. Organizar manifestaciones y flashmob en contra de las librerías que lo venden. Promover discusiones públicas en las que se les muestre a los padres lo que se hace con la mente de sus hijos. Quienes pueden agreguen ideas. Conquistar los corazones y las mentes de millones en cuanto a nuestras ideas sobre la transición, de esta sociedad a otra que vendrá, que esperamos que sea diferente y mejor, no será posible sin ayudar a millones a que dejen de “divertirse hasta morir”. Todavía tenemos que aprender a hacerlo.

NOTA DE LA REDACCIÓN DE MEGACHIP
A continuación el estracto-video de una escena horrorosa de “GTA V”. Se la puede encontrar cotidianamente desde las consolas que se encuentran en manos de millones de niños de todo el mundo. Se la desaconsejamos incluso a los dultos más sensibles.
GTA V | (18+) All torturing scenes | NSFW - Very violent

Artículo original y video:

http://megachip.globalist.it/Detail_News_Display?ID=92144&typeb=0&Grand-Theft-Auto-V-perche-una-campagna-contro
http://www.youtube.com/watch?v=PnXF-5vA31E