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pablomedina5PABLO MEDINA, PERIODISTA PARAGUAYO ASESINADO POR LA NARCO MAFIA
Es el tercer periodista muerto por sicarios del crimen organizado, en este 2014
Por Jean Georges Almendras

El periodismo mundial ha sumado otra víctima más a su extensa nómina de mártires de la información, por denunciar al crimen organizado y a los grupos mafiosos operantes en diferentes regiones de Sudamérica, de Europa y del  Medio Oriente. Y si bien no todos los periódicos o medios de difusión del mundo han dado cuenta de este nuevo ataque a la libertad de expresión, el hecho concierne a todo el periodismo libre del planeta. Esta vez los hechos trágicos se desarrollaron en la República del Paraguay.

La víctima ha sido el periodista Pablo Medina, corresponsal de ABC Color en la localidad paraguaya de Curuguaty, quien desde hace tiempo venía siendo amenazado por investigar la producción de la marihuana, obviamente regenteada por grupos narcotraficantes y mafiosos residentes de la zona.

Acribillado en el auto PABLO mEDINALa noticia fue dada a conocer en horas posteriores al mediodía del jueves 16 de octubre de este 2014. Pablo Medina fue emboscado en su vehículo en el que además viajaba una mujer joven la que fue igualmente alcanzada por los proyectiles, ocasionándole la muerte. Pablo Medina era hermano de otro periodista –Salvador Medina- asesinado también por la mafia paraguaya en el año 2001.

giorgo-bongiovanni-y-pablo-medina-con-un-ejemplar-del 970 728 11472802En la redacción Uruguay de Antimafia Dos Mil, la noticia de la muerte de Pablo Medina conmocionó a todos sus redactores. Y personalmente no me puedo excluir de esta conmoción con sabor a ira. Conocimos a Pablo Medina en el año 2009, en oportunidad de un Congreso realizado en la ciudad de Rosario, Argentina. Conocimos a través suyo la historia de su hermano Salvador. Pablo nos habló mucho de la lucha constante de su hermano, contra los grupos mafiosos del Paraguay y nos narró los detalles de su muerte, por aquel 5 de enero de 2001. Y oportunamente nuestro director y fundador de Antimafia Duemila, Giorgio Bongiovanni, lo entrevistó para su revista italiana, entablándose con él un muy sentido vínculo, ligado estrechamente con la misma lucha. Con la misma causa, llena de riesgos y de obstáculos.
Del 2009 al 2014 han transcurrido solo cinco años. Sabíamos que Pablo Medina transitaba por senderos escabrosos. Los senderos por los que es frecuente el acecho del enemigo. Y cuando uno apoya y encuentra personalmente a estos luchadores de la verdad, como Pablo y su hermano Salvador, uno hasta piensa que ese apoyo  podrá quizás distanciar aún más al enemigo. Pero la realidad nos tiene deparado otro rumbo. Un rumbo violento. Lamentablemente un enemigo más próximo que lejano.

Pablo Medina con chaleco antibalasEs lo que le ocurrió a Pablo Medina, de 48 años, en las primeras horas de la tarde del jueves 16 de  octubre, cuando en su automóvil retornaba de hacer una cobertura en la zona de Crescencio González, distante unos 45 kilómetros de Curuguaty. En el vehículo viajaban su asistente Antonia Almada y una dirigente campesina. Durante el trayecto, al llegar a la zona de Colonia Itanaramí, en Villa Ygatimé detuvieron la marcha cuando otro conductor, desde un vehículo que les seguía, a corta distancia, les hizo señas con los faros. El automovilista descendió del auto y luego de acercarse a donde estaba Medina y preguntarle quien era él, ascendió a su rodado y se alejó de la zona. Minutos después, en un camino apartado, dos hombres interceptaron el vehículo de Pablo Medina para finalmente en cuestión de pocos segundos concretar el atentado.


Los dos  desconocidos, portando armas de alto poder de fuego, balearon al periodista y los proyectiles alcanzaron también a la joven que lo acompañaba, Antonia Almada, que se hallaba ubicada en el asiento del acompañante. La tercera persona que se encontraba en el vehículo, que sería una dirigente campesina, felizmente no fue alcanzada por los disparos, pero sufrió un fuerte estado de shock.
Las armas accionadas por las manos criminales, ocasionaron graves heridas a Medina, especialmente a nivel de la nuca y del rostro. Su deceso se produjo prácticamente en forma instantánea. Por su parte,  la joven Almada  antes de perder el conocimiento atinó a pedir auxilio utilizando el celular del periodista pero segundos después caía muy mal herida junto al cuerpo del trabajador de la comunicación. De ahí en más el horror dominó a la joven que viajaba en el asiento trasero y que solo de milagro salvó su vida. Los asesinos, aprovechando esos primeros segundos de terror y de espanto se alejaron de la zona rápidamente tripulando una moto. A sus espaldas dejaban un hecho de sangre repudiable y feroz, cometido contra un periodista que nunca bajó los brazos ni su lucha contra el narcotráfico, no obstante haber sido frecuentemente amenazado de muerte. Cabe consignar que el periodista tenía por costumbre colocarse un chaleco antibalas y desde que las amenazas fueron dadas a conocer estuvo con custodia policial, la que le fue retirada –curiosamente- en el mes de setiembre.
Una vez que las autoridades policiales se constituyeron en la escena del hecho, además de constatar el deceso del periodista,  procedieron a trasladar a la joven Almada a un hospital pero el operativo de asistencia demandó cerca de dos horas. La mujer lamentablemente dejó de existir  a poco de ingresar al centro hospitalario. Los peritos entre tanto trabajaron en el lugar del atentado y allí ubicaron casquillos 9mm detonados  y otros indicios que obviamente podrían ser útiles para la posterior investigación del doble crimen.

pablo-medina-formo-parte-del-equipo-de-abc-color-por-16 970 635 1147262La noticia de la muerte de Pablo Medina se esparció por la región y la capital paraguaya en pocos minutos generando la indignación popular, pero especialmente entre los periodistas del diario ABC Color los cuales, aún conmocionados por la situación, realizaron una movilización relámpago frente a la Comandancia de la Policía..
Los periodistas exigieron la presencia del máximo jerarca de la Comandancia. Luego, otros colegas de otros diarios de Asunción se sumaron a la movilización y allí mismo se vivieron algunos momentos de tensión. Posteriormente, el Comandante Comisario Francisco Alvarenga optó por salir y dialogar con los periodistas manifestando que se iba a investigar el doble crimen y que él no iba a renunciar a su cargo. Entonces, los periodistas manifestantes no agotaron su movilización con esa respuesta. Profiriendo cánticos y consignas que relacionaban a la policía como involucrada en las acciones del narcotráfico, los periodistas decidieron ir en marcha pacífica por las calles de Asunción hasta  el Palacio de Gobierno. Pero sobrevino el imprevisto. Efectivos de la Unidad Antimotines de la Policía con apoyo de un carro hidrante impidieron el paso de la marcha. Una fuerza policial de choque debidamente pertrechada para esas situaciones fue la respuesta que el Estado brindó a un grupo de periodistas indignados y hartos de toda la  corrupción imperante en las filas gubernamentales. Y como se diría en  una crónica periodística sobre este atentado, los periodistas en protesta no tuvieron otra alternativa que detenerse y mostrar a los cuatro vientos y a los policías antimotines allí formados, que ellos como trabajadores de la información portaban únicamente dos armas para enfrentarlos: bolígrafos y celulares.

“El silencio se apoderó de todos nosotros. El dolor superó a la razón. Nada puede explicar y justificar la muerte tan alevosa y cobarde de un ser humano. Más aún cuando en vida esa persona rindió tributo a la vida, a la libertad y luchó hasta el último segundo de su existencia contra la absurda y deleznable violencia” expresaron más tarde los corresponsales de ABC Color, en un documento que fue divulgado en toda la República del Paraguay, y en el mundo.
Y agregan: “El alevoso crimen, es una oportunidad para que en cada uno se renazca el compromiso por el cual decidieron abrazar el noble oficio del periodismo. Compromiso con nuestra patria, con nuestro pueblo, con nuestros compatriotas más desprotegidos que sobreviven  en algún olvidado rincón de la geografía a merced de los bandidos”.

Periodistas de ABC Color manifestando en AsuncionFinalmente los corresponsales de ABC Color, compañeros de Pablo Medina, concluyeron enfáticamente: “En este momento quisiéramos gritar a las autoridades para que cumplan con sus funciones, para castigar a los responsables, morales y materiales de este cobarde asesinato, sin embargo, nuestra esperanza choca con la triste realidad, que hoy las fuerzas del orden protegen más a los que viven fuera de la ley que a los ciudadanos honestos. Nos queda la fuerza y el compromiso de encender la llama de la libertad por la que el compañero Pablo entregó su vida”.

En el camino y en el horizonte de nuestra profesión se cosechan, a la larga o a la corta, los logros de una denuncia y de una lucha, que no por silenciosa, resulta perseverante e intensa. Y llega el tiempo en que se hace justicia. Pero también se cosechan enemigos. Enemigos que forman parte del poder. Que forman parte del Estado. Que forman parte del sistema. Un sistema corrupto. Un sistema condicionado por el poder de turno y por el dinero. Poderoso señor don dinero que compra almas y armas para que esas almas las hagan hablar. Siempre apuntando contra los más desvalidos. Siempre contra los más valientes. Siempre contra los que aman la libertad. Siempre contra los que escriben y hablan de las injusticias sociales, de las corrupciones y de los crímenes, denunciándolas y ventilándolas con sus autores, sin olvidar su nombre y su  apellido. Denuncias que acarrean desolación y muerte. Denuncias que se oyen hace varias generaciones y en diferentes lugares. Denuncias que entorpecen la calidad de vida de quienes tienen el sartén por el mango. Denuncias que, para unos,  no hacen otra que incomodar.

¿Cuántos periodistas y reporteros gráficos ya han muerto en el mundo por hablar o registrar en imágenes las deficiencias y las desviaciones de la comunidad humana y del Estado?. Quiero recordarle al lector que no pocos. Aquí y allá. En tiempos de dictaduras y en tiempos de “democracia”. En tiempos de democracias averiadas, hipócritas y minadas por el crimen organizado. Que cada día es más organizado, consigo mismo y con el Estado o con el gobierno con el que convive.

Retornando al Paraguay. ¿Cuántos periodistas han muerto en este 2014?. Pues con el crimen de Pablo Medina, ya van tres. El primero del 2014 fue Fausto Gabriel Alcaraz, muerto el 16 de mayo en el pueblo Pedro Juan Caballero, y el segundo fue Edgar Pantaleón Fernández Fleitas, muerto el 19 de junio en la ciudad de Concepción a unos 300 kilómetros de Asunción.
"Es el tercer colega en lo que va del año que estamos perdiendo en manos de la mafia. Son mafias que dominan impunes el país y el Gobierno no hace nada", ha dicho Santiago Ortiz el representante del Sindicato de Periodistas del Paraguay.
¿Habrá más muertos?.  Ya no depende de nosotros, si eso es que lo que quieren, desde las filas del sistema. ¿Por qué?. Pues porque nosotros no bajaremos las revoluciones de nuestra profesión. Nosotros no cederemos a las  presiones. Nosotros: en Sudamérica y en Europa y en el Medio Oriente, seguiremos una misma línea. La línea de la verdad. La línea de buscar la verdad. La línea de reclamar, dado el caso, justicia o la intervención de la justicia para aclarar o investigar lo que no se quiere jamás aclarar ni investigar. Como ahora: reclamar que la Justicia paraguaya intervenga sin desviaciones, para que el manto de la impunidad no cubra estas dos muertes y para que se halle a los culpables. Este ha sido un asesinato destinado a amedrentar. Destinado a  implantar el terror. Habrá quienes se amedrenten. Habrá quienes se llamen al silencio. Nosotros no.

En nuestras salas de redacción de Uruguay, Argentina, Paraguay e Italia, los riesgos que se corren son muchos. Porque nuestros periodistas abordan temáticas que se comprometen con la sociedad y con las comunidades humanas. Porque nuestros periodistas piensan y actúan como Pablo Medina. Y como él no se amedrentó cuando lo amenazaron de muerte por primera vez. Pues nosotros tampoco. Aunque nuestros verdugos todavía estén en la penumbra. Quizás al acecho. Pero aún en la penumbra o en el anonimato. Y ese acecho cobarde, artero y mafioso, no  nos afecta en absoluto, porque denunciar al sistema corrupto (que domina al mundo en muchos, pero muchos puntos del planeta)  es honrar nuestra profesión y es honrar la vida. Pablo Medina, no podremos verte más, pero tus acciones y tus denuncias están más en nuestra sangre y de una forma que tú nunca, en vida, habrías imaginado. Señal de que tu sufrimiento, tu entrega y tu martirio no han sido en vano. Somos nosotros los que aún llorando tu ausencia, te agradecemos por haber vivido, con esa humildad que te caracterizaba y que te hacía más sabio.   

Ahora no son tiempos de lamentos. Son tiempos de fortalezas. Porque cada una de estas bajas deben fortalecernos, para que unidos, los periodistas del mundo, podamos debilitar los cimientos de la maquinaria del poder mafioso enquistado en el  sistema político y en la matriz financiera de cada uno de los países que adolecen de ese mal.

Seguir esa lucha, a diario, será el mejor homenaje que podamos hacer a Pablo Medina y a todos los colegas que en el ayer cayeron por la misma causa. Nuestra causa. Mucho más firme y mucho más extendida, sea en el Paraguay como en Italia, donde también la mafia y el Estado, en vínculo maligno, dejaron su tendal de muertos entre jueces, fiscales, carabineros, sacerdotes, políticos y periodistas. ¿Una mafia sin fronteras requiere una lucha sin fronteras? Si. Y urgentemente. Y además, se requiere una mayor conciencia ciudadana, de esa lucha. ¿Y hay una suficiente conciencia, de esa lucha?.
17 de octubre 2014