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georges-figueredo200EL CONNUBIO  PARAGUAYO

                      Por  el Dr. Jorge David  Figueredo, Director de Antimafia Dos Mil Paraguay

Luego del asesinato del periodista Pablo Medina y de su asistente Antonia Almada a manos de sicarios al servicio de la mafia, donde uno de los supuestos autores intelectuales sería el ex intendente de la  Ciudad de Ypejhu, Vilmar “ Neneco”  Acosta, saltó al tapete público el debate y la denuncia de que políticos pertenecientes a  varios partidos políticos, en especial de los partidos tradicionales, colorado y liberal, así como jueces, fiscales, policías y funcionarios de gran parte de las instituciones públicas, estarían  vinculados con el crimen organizado y la mafia.

Este tipo de denuncias, en las que autoridades políticas, judiciales y parlamentarias se hallan  relacionadas con el narcotráfico y otras actividades ilícitas no es una novedad en el Paraguay. Ya en tiempos de la dictadura del  General Alfredo Stroessner (1954-1989) se sabía que los personeros del  Stronismo acumulaban fortunas a  través de actividades ilegales en el mejor de los casos, manteniendo negocios fluidos con  mafiosos  radicados tanto en el exterior como dentro del territorio nacional. De ese tipo de interacción,  y connivencia,  según estudiosos del  crimen organizado en el Paraguay se ha formado toda una clase social conocida como la burguesía fraudulenta que hasta el día de hoy controla el poder político, económico, e incluso maneja la política cultural del Paraguay.
 La muerte del comunicador antimafia ha despertado del letargo a todos los ciudadanos que desean vivir en un país libre de narcotráfico, armas, agro-tóxicos, deforestación    y todo tipo de delitos cometidos por los mafiosos que solo desde 1989  hasta 2013 han asesinado a 115 campesinos según el Informe Chokokue, una minuciosa investigación llevada a adelante por la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy).
Según el investigador  Hugo Valiente,  la misma mafia que asesino a Medina, mato a estos campesinos. Es decir detrás de estas muertes que hasta ahora han quedado impunes está el mismo poder criminal.  
Podemos sostener que  existe un antes y un después luego de la muerte de Pablo y Antonia en la historia de la lucha contra la mafia en el Paraguay.  Las organizaciones civiles y sociales han empezado a movilizarse permanentemente exigiendo Justicia para todas las personas asesinadas por la mafia.   Pero  no debemos quedarnos con los brazos cruzados ni mucho menos pasivos ante el avance del crimen organizado que  no solo se ha  infiltrado en los tres poderes del estado, sino que ha creado las bases para la cohabitación con sectores desviados del Estado.


Por eso, no debemos menoscabar o subestimar el poder terrorista  de la mafia, que se sustenta, no solo en las armas o la violencia física sino sobre todo en la corrupción y el miedo, que se apodera de gran parte de la población paraguaya, la que no alcanza a ver que las instituciones republicanas reguladas por la Constitución Nacional están luchando para extirpar este cáncer de nuestra sociedad. Hay evidencias e indicios que existe un connubio entre la Mafia y el Estado,  con la gravedad de que si todos los ciudadanos honestos no nos unimos para enfrentar a este mal se puede destruir nuestra incipiente democracia y el Estado de derecho, convirtiéndonos, no solo en una  narcocracia, sino en un Estado-Mafia, vale decir, según el sociólogo italiano Umberto Santino , en un estado afectado por un doble fenómeno: las conexiones entre organizaciones criminales e instituciones, representadas por hombres incriminados por corrupción o por mafia, y el uso, continuado o frecuente, de prácticas criminales por parte de las instituciones mismas.

En definitiva las mejores armas que tenemos los ciudadanos para enfrentar a la mafia son la palabra, la denuncia, la educación a la cultura de la legalidad y por supuesto la información transparente, libre, objetiva y  que despierte la conciencia de que vivimos en un sistema donde el poder criminal impera soberano y que debemos transformarlo en una nueva civilización donde prevalezca la justicia, la paz y el amor.  Pablo Medina, con sus denuncias, se enfrentó al poder mafioso y le costó la vida. No permitamos más víctimas.

  22 de Noviembre de 2014